
Cuando la mayoría de las personas piensan en la buena voluntad, piensan en un sentimiento amable de aprobación y apoyo. Un empresario también define la buena voluntad como el valor que una empresa alcanza a través de sus marcas y su buena reputación. La buena voluntad se mide como el valor de mercado de una empresa por encima del valor de sus activos tangibles.
En 2016, Microsoft adquirió LinkedIn, que tenía un valor en libros de 4,000 millones de dólares. El precio de compra de Microsoft fue de 25,000 millones de dólares, y la diferencia se clasificó completamente como plusvalía (goodwill). Hoy en día, existen más de 2.5 billones de dólares en plusvalía registrados en los balances corporativos. La plusvalía es un activo intangible. Sin embargo, para muchas corporaciones, es por mucho su activo más valioso.
La integridad es el padre de la buena voluntad. La reputación es su madre. Y como señaló Warren Buffett, se necesitan veinte años para construir una reputación y cinco minutos para arruinarla. Y a diferencia de sus demás activos, la buena voluntad no se puede asegurar. La única manera de conservarla es seguir construyéndola.
¿Cómo construimos buena voluntad? La respuesta es el lema de Rotary: Servir por encima de uno mismo. Si la buena voluntad se define como un sentimiento amable de aprobación o apoyo, ¿qué mejor manera de generar ese sentimiento amable de aprobación o apoyo en los demás que anteponer el servicio hacia ellos por encima de uno mismo?
Pero la buena voluntad es más que sentimientos cálidos y balances contables abultados. Existe un valor práctico en la buena voluntad. Rotary ha aprovechado su buena voluntad para vacunar a niños contra la polio en lugares donde nadie más tendría permitido hacerlo. Rotary ha aprovechado su buena voluntad en este esfuerzo, pero ha creado mucho más de la que ha utilizado. Cuando se erradique la polio, la herramienta más importante en ese esfuerzo no será el dinero, sino la buena voluntad que Rotary ha desarrollado a lo largo de más de un siglo. La buena voluntad salva vidas.
Un antropólogo de Oxford encuestó recientemente a 3,300 personas sobre su uso de Facebook. Estas personas tenían un promedio de 155 amigos, pero afirmaron que solo el 28% de ellos eran amigos cercanos, y que recurrirían solo a cuatro en una crisis.
En respuesta a estas cifras, el antropólogo señaló: "Ver el blanco de los ojos de vez en cuando parece ser crucial para la forma en que mantenemos las amistades". Las redes sociales pueden ser excelentes para mantenerse en contacto con amigos y familiares, pero no sustituyen el contacto cara a cara.